Entrañable... cariñoso, juguetón y activo... sus miedos y traumas quedaron definitivamente atrás.
Fue recogido junto a su hermano Aldo en Castalla, y ambos se mostraban los primeros días muy asustados y desconfiados.
Su hermano se puso muy malito y no pudo superarlo, a pesar de todos los esfuerzos, cuidados y tratamientos controlados por el veterinario, y Cay se quedó muy solito.
Pero tenía muchas ganas de vivir y empezó a confiar en nosotros y a mostrarse cada vez más y más cariñoso. Y en su recién estrenado hogar de acogida, su mejoría se está acelerando vertiginosamente, y se ha convertido en un rubio de ojos verdes encantador, que no duda en maullarte para que le hagas caso, juegues con él y lo mimes para hacerle olvidar sus penas.